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Alberto Vollmer - Torneo de Rugby Penitenciario - Fundación Santa Teresa
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Proyecto Alcatraz lleva 15 años ofreciendo redención a los reos venezolanos

La delincuencia en el municipio Revenga del estado Aragua se ha reducido un 40% desde la implementación del programa


Presos de 13 de las cárceles más peligrosas del país entran a la cancha de rugby ovacionados por familiares y amigos desde las tribunas, esmerándose por dejar atrás su pasado criminal entre golpes y tackles al aire libre en las canchas de la Hacienda Santa Teresa.

Hace 15 años, allí mismo, comenzó el programa que daría la esperanza de una nueva y mejor vida a los delincuentes del municipio Revenga del estado Aragua: el Proyecto Alcatraz, que trabaja para la reinserción social de jóvenes pandilleros inculcando valores como respeto, disciplina, trabajo en equipo, espíritu deportivo y humildad.

Ya sin esposas, en lo cañaverales de la inmensa finca Santa Teresa, los reos recorren el engramado de las canchas para competir en el torneo de Rugby Penitenciario, organizado por la Fundación Santa Teresa en el marco del Festival Santa Teresa 7.

Un centenar de militares armados no les quitan los ojos de encima, mientras sus familiares los llaman por sus nombres y les hacen señas. Algunos lloran, otros saltan sin parar.

Sus coloridos uniformes están estampados con nombres que llenos de fiereza: Leones, Halcones, Jaguares, Búfalos… pero en la cancha reina el respeto y el espíritu deportivo.

Transformación real

Alberto Vollmer – Torneo de Rugby Penitenciario – Fundación Santa Teresa

Fue en 2003 cuando este gran proyecto nació, improvisado y sin mayores proyecciones, cuando un grupo de jóvenes intentó robar en la Hacienda Santa Teresa y fueron aprehendidos, y Alberto Vollmer, director de la hacienda, les dio dos opciones: devolver lo robado y trabajar en la finca o ser reportados a la policía local e ir a la cárcel.

Aún desconcertados, los delincuentes tomaron sin titubear la primera opción. «Fue un pacto de caballeros», cuenta Jesús Arrieta, expandillero y pionero junto con otros 20 muchachos de Alcatraz.

Su primer trabajo fue sembrar enredaderas para establecer lo límites de la hacienda durante tres meses, después aprenderían a ganarse el dinero honradamente jugando rugby, y finalmente, saldrían a las calles a convencer a otros pandilleros de abandonar la vida de delincuente y seguir su camino.

Jesús explica que antes de Alcatraz, el destino de estos jóvenes era seguro: “el cementerio”. Hoy en día, él estudia comunicación, es líder del programa de rugby penitenciario y entrena a unos dos mil jóvenes para alejarlos de la delincuencia.

Alberto Vollmer, capitán de este exigente proyecto, incluso va a las cárceles a entrenar con los presos. «No importa de dónde vengas y que hayas estado en la oscuridad (…), porque cada individuo tiene un potencial infinito», asegura.

A pesar de que muchos de ellos han cometido graves crímenes, Vollmer está convencido de que “ninguno es irrecuperable”.

Antes de Alcatraz, la tasa de homicidios en el municipio Revenga era de 112 por cada 100.000 habitantes. Diez años después, los índices delictivos bajaron 40%, toda una hazaña en un país cuya tasa de asesinatos es 15 veces mayor al promedio mundial según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia.

Jorwim Contreras estuvo ocho años tras las rejas y hoy en día es entrenador del programa. Asegura que el rugby lo liberó, “cambié las armas por un balón», dijo a la AFP.

Listo para actuar, Andry Bolívar, un joven de 29 años, sueña con dejar atrás su pasado criminal. «Me gustaría integrarme a la sociedad, y si Dios me lo permite, jugar con la selección de rugby de Venezuela«.