Aquellos tiempos de Franz Beckenbauer, de Karl-Heinz Rummenigge, de Lothar Matthaus, de Rudi Voller son ya recuerdos lejanos, gestas remotas de héroes nacionales de Alemania que crecieron y que por su poder llevaron con orgullo teutón el nombre de “Panzers del Desierto”. Fueron temibles, apartaron gente a su paso, abrieron boquetes en las zagas enemigas. Aquellos tipos parecían dioses del fútbol, invencibles hombres como no habían conocido jamás las canchas del mundo. Pero como en la vida todo se acaba, aquella fuerza de choque llegó a su fin. No obstante, otros jugadores, los de ahora, están dispuestos a hacer valer la historia, a decirle al campeonato de hoy que, después de haber goleado siete a uno a Curazao, la potencia de los tanques de antaño está viva, reluciente y lista para, tal como sus antecesores, borrar de la faz de la Tierra a todo el que tenga la osadía de parársele enfrente. Costa de Marfil será el de esta tarde, y habría que ver una cosa y otra: si los alemanes son tan bravos como pregonan, y si los africanos van a tener los hígados para detenerlos…
En otro frente estará Ecuador, el buen Ecuador, vencido con un gol de posguerra en su primer partido por las agallas de los marfileños. Los ecuatorianos, potencia emergente de América del Sur, llegaron al Mundial para hacer valer todo lo que hoy son, sus convicciones, su preparación, dirigidos por Sebastián Beccacece, un técnico sobrio y conocedor del alma del país del medio del mundo. En su juego anterior, Ecuador fue azotado por la diosa fortuna: tres tiros en los palos que hubieran cambiado el destino del marcador. Aun así, jugaron con inteligencia y calma, esperando un gran momento que, al final, nunca llegó. En esta fecha enfrentarán a Curazao, vencido por una goleada de escándalo por la voraz Alemania, y que, en buena ley, deberá caer sin remedio para que Ecuador dé un paso al frente…
Estados Unidos juega como si quisiera ganar el Mundial. La actitud, el carácter de los estadounidenses en la cancha hacen pensar que tal cosa es posible. Lidian, se desdoblan, se pliegan, van por la presa como fieras de selva, y ayer no hubo Australia que valiera ni que fuera capaz de desvirtuar el empeño de los ganadores. Ya Estados Unidos está en la segunda fase, y de una vez se comienza a pensar en esta selección de las estrellas como un candidato firme. Folarin Balogun, puntero por el trecho izquierdo, debe ser el jugador más veloz de todo el planeta. Siempre dejó atrás a su marcador, y fue un terror para los asustados marcadores. Cuidado, cuidado, por ahí viene el escuadrón que controla Mauricio Pochettino.
Nos vemos por ahí.









