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El problema no fue Cristiano Ronaldo

La enorme expectativa que despertó Portugal con su equipazo repleto de estrellas, encabezado por su superastro Cristiano Ronaldo, no correspondió con la realidad de un partido gris, triste y sin alma que ofrecieron los lusos en su debut ante la debutante República Democrática del Congo. El abismo económico y futbolístico que en el papel existía entre ambas selecciones lo equiparó la determinación de los africanos para demostrar que su plantilla, valorada por el portal Transfermarkt en 144 millones de euros, podía competir, sin amilanarse, contra las rutilantes figuras portuguesas, cuyas fichas alcanzan 1 millardo de la moneda comunitaria europea.

¿Qué pasó con Ronaldo que apenas intervino en el juego un par de ocasiones? ¿Por qué un mediocampo con tantos jugadores geniales y habilidosos, entre los que figura Bruno Fernandes –quien, con 21 pases de gol este año en el Manchester United, rompió el récord de 20 asistencias compartido por el belga Kevin De Bruyne y el francés Thierry Henry, falló al romper líneas para conectar con CR7–, Pedro Neto, Francisco Conceição, Rafael Leão y Gonçalo Guedes? Todas las críticas sobre el pésimo funcionamiento de Portugal recayeron sobre su máxima figura, quien estableció otro récord personal al disputar su sexto mundial consecutivo. Pero, la verdad, es que Ronaldo nada pudo realizar en el ataque, porque ya no es el antiguo extremo potente y regateador que se tragaba la cancha y resolvía con un sablazo imparable al arco contrario.

Esta versión más avejentada de Ronaldo se mueve menos en la cancha, se ubica en medio de los defensas centrales para atraer la marcación como si fuera un tarro de miel entre osos pardos. Pero el venerable trabajo de finalizador que cumple Ronaldo en la selección lusitana necesita de socios que lo provean de balones. No fue lo que ocurrió en el duelo ante los congoleños. Apenas recibió dos pases muy complicados para enviar al fondo de la red: uno cuando caía en velocidad y fue anticipado por los dos centrales que lo cercaban y otro mucho peor que le llegó muy atrás de la pierna derecha y sacó un disparo sin dirección.

El problema de Portugal no fue Ronaldo, sino el pobre funcionamiento colectivo. El mediocampo bajó el pie del acelerador apenas cayó el solitario gol de João Neves. Creyeron que golear a los congoleños sería pan comido, se recrearon con un insulso manejo horizontal del balón, olvidaron seguir explotando las bandas o cambiar de velocidad. Para ser candidato en serio a pelear por el título, Portugal debe ser el equipo coral de la eliminatoria.

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