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¿Intercontinental o Mundial de Clubes?

Estaba lejos, pero no tanto. Había una grieta, pero no estaba más allá del fin el mundo. Algo normal, previsible, esperado. Fue un intenso batallar que quedó como tenía que quedar. Uno llevaba la iniciativa; el otro, como un sol intermitente, se prendía solo por breves instantes.

La importancia del Flamengo-París Saint-Germain no estuvo en quién ganara y quién caía, sino en dejar evidencia de expresiones futbolísticas que enseñan lo que saben y lo que pueden. El cuadro francés, en plena temporada de su país, llegó al partido descansado, a la vez que el brasileño venía de dos partidos anteriores necesarios para clasificar a esta decisión y luego de haberse batido a fuego quemante en la Copa Libertadores y el torneo Brasilerao.

La atropellada organización del fútbol en América del Sur así lo exige, porque el asunto económico rige en todos los órdenes. Se organizan torneos, especialmente en Brasil, donde cada año se juegan tres, para mantener a los equipos en movimiento. Meter gente en los estadios, cámaras de televisión encendidas y todo lo que ordene la comercialización.

Hace tres años, América, vestida con la camiseta de Argentina, venció en penales a Francia, y esta vez fue el equipo de París el que pudo más, también en disparos desde el punto blanco y como aquella final Mundial, sobre el césped del estadio de Doha. Es decir, diferencias mínimas, milimétricas, que hablan de la cercanía de uno y otro fútbol, en las que se vuelve a demostrar que los del lado allá van adelante “por una cabeza” organizativa y de recursos, como dirían Carlos Gardel y Enrique Santos Discépolo en su célebre tango, y que los de esta orilla tratan, y algunas veces lo logran, compensar con el ingenio y la picardía propia del latinoamericano.

La Copa Intercontinental ha logrado acercar versiones y maneras de conjugar la palabra fútbol; este encuentro, en una época considerada como el “non plus ultra”, ha tratado de ser desplazado por el llamado Mundial de Clubes, montado este año en un formato tipo Mundial.

A primer golpe de vista, y a segundo y a todos los existentes, tiene un fin netamente comercial, un hecho para complacer a los amos de los equipos de la élite. No es que esté mal, porque el jugado en Estados Unidos levantó polvaredas de entusiasmo y se disputó con la promesa de continuar, solo que la Fifa debe aclarar ese enredo para el aficionado común, explicar para qué y por qué se juegan dos torneos para lo mismo.

Al final la jornada, que es como decirle adiós al fútbol internacional este año, se va con el PSG como campeón a medias, porque aunque venció en la Intercontinental, fue arrasado en el Mundial de Clubes por el Chelsea. Entonces, ¿cuál es, ahora, el mejor equipo del planeta Tierra? Esta loca confusión tendrán que aclararla. Quizá sería estupendo un partido entre ambos y en un estadio neutral. No sería buena idea?

Colombianos, ecuatorianos, ningún…

Por razones obvias, no citaremos a jugadores argentinos y uruguayos, porque los hay en todos los rincones del planeta; tampoco brasileños, pues jugaba un equipo de su inmenso país.

Por eso llama la atención, por representar a fuerzas emergentes, fútbol de nueva era, la presencia de dos colombianos en el Flamengo, y más aún, de dos ecuatorianos, uno en cada equipo. Si lo de Colombia podría ser motivo de levantar la ceja de admiración, lo de Ecuador termina por ser absolutamente sorprendente.

Hasta hace algunos años el fútbol de Quito y Guayaquil era casi un desconocido, un ejército de tercera fila; pero con tesón y un trabajo de excepción, va el próximo año a su quinto Mundial, y además, ya tiene muchachos en clubes del el jet-set europeo. Da nostalgia, cómo no, la ausencia de venezolanos en esas alturas de Europa y América. Da nostalgia, sí…

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