La cantidad de nombres es inacabable. Más de cincuenta en cada lista de cada selección han llevado al Mundial a no ser un hecho misterioso. No hay jugadores inesperados, imagínense, cincuenta y tantos multiplicados por cuarenta y ocho: ¿hay en el mundo tantos jugadores de fútbol? Seguramente que selecciones como la argentina, brasilera, española o francesa podrán disponen de muchos de ellos, pero digamos, Curazao: ¿habrá en la isla del mar Caribe tantos futbolistas como para armar un listado así? Son los tiempos que vivimos; ya se han terminado los fantasmas, los espectros y los aparecidos en las catacumbas del fútbol; ahora todo es visible, y los aficionados de vieja data no se conforman con tanta evidencia, con tanto hablar claro: ¿antes, con toda esa penumbra era mejor, o la música de ahora con infinitos apellidos suena más afinadita?…
Quien escribe, como aficionado y como periodista, ha vivido las dos épocas. Hasta finales de los años noventa o quizás hasta entrados los dos mil para los futboleros era un enigma, rodeado de la luz incandescente de una maravilla, tratar de adivinar cuáles iban a ser los jugadores de cada país: ¿a quién llevará Inglaterra, cuáles serán los más importantes de Italia, que dirán los siempre ingeniosos holandeses? Así eran las cosas entonces. Pero después todo cambió; ahora se puede mirar el fútbol de diversos países los fines de semana, y es una curiosidad ver a jugadores del mismo equipo, y por ello hermanados en una causa común, enfrentados en selecciones diferentes. No es casualidad, son las coincidencias ya comunes de esta era muy loca. Todo esto ha traído ese nuevo “misterio”, porque es una realidad diferente y de modernos métodos que, ante el vértigo de los días, hacen mirar los hechos futbolísticos del pasado, aunque sin desdeño ni desprecio, como de una época prehistórica….
El Mundial cercano traerá, como suele pasar, nuevas emociones y fervores, y también, frustraciones y dolores por aquellos jugadores que por lesiones no estarán. Y, detrás de ellos, los que por otras razones tampoco sentirán sobre sí el fulgor mundialista. Estamos hablando de Nicoló Barella, mediocampista, capitán y gran jugador italiano, dejado a un lado del camino con la eliminación de su selección. Y también, y según la última lista, de Estevao, el atacante brasileño que alumbró el Mundial de Clubes con el Palmeiras y el gol marcado al Chelsea. Son dos ejemplos, dos casos de muchachos que no saben si esta puede haber sido la última vez que el destino puso en su andar el camino mundialista. ¿Y si no habrá otra oportunidad? Vaya usted a saber. Nos vemos por ahí.









