En pocos días, la selección nacional abrirá sus alas. Aunque todo será experimental, el equipo, el torneo, serán buenos momentos para mirar y pensar. La Vinotinto irá a dar sus primeros pasos bajo el tutelaje de Oswaldo Vizcarrondo, y por más que tratemos de no fijarnos bien en la actuación del grupo, siempre habrá motivos para analizar sus pasos.
El recién estrenado conductor solo llamó esta vez para enfrentar a Trinidad y Tobago y Uzbekistán a jugadores del medio local, pero aun así la parada será útil para conversar sobre algunas cosas interesantes que surgirán por encima de la importancia de los partidos y sus circunstancias. Lo que será más visible, más que el hecho individual y del temperamento de los muchachos, ha de ser el funcionamiento maquinal, el comportamiento de los jugadores en medio del trajinar de los partidos. ¿Habrá modificaciones tácticas, habrá novedosas concepciones del movimientos de posiciones?…
Visto esto, echemos un vistazo a las agallas de Vizcarrondo. Aunque aún esa muy temprano para evaluar, será útil mirar hacia el futuro de la selección. No de sus resultados; lo que habrá que tener la atención de la afición será la posición que asumirá Vizcarrondo. A primer golpe de vista el hombre se va a jugar el destino Vinotinto en el Premundial para el 2030 con muchos de los jugadores que tendrán que aprobar el test en Taskent, capital de Uzbeskistán. Que dejará a un lado, pensando en su reciente pasado, a nombres relevantes y de mucho andar en Copa América, Premundial, todo eso.
Sería un paso fundamental, considerando que algunos de ellos ya vivieron lo que tenían que vivir, y que, en un acto de conciencia aceptarían la nueva situación. Entonces surge, indómita, indoblegable, esta duda: ¿se atreverá Vizcarrondo, tendrá la osadía de viajar por los aires del Premundial sin aquellos astros bien recordados?…
Pequeñeces: saltamos desde Uzbekistán hasta Miami para hablar un momento del Clásico Mundial de Beisbol. No es para dar opinión, porque para eso están los que viven día a día con la pelota; es más bien para asombrarnos por los reclamos de mal gusto de alguien del público a Miguel Cabrera. No estamos defendiendo al aragüeño, por favor, sino que nos pareció fuera de tono envolver en el mismo paquete al deporte con un hecho político.
Cabrera, como cualquier venezolano, está ligando las victorias del equipo nacional, y no era, ni el momento ni el lugar, para tales desatinos. Quien tenga alguna crítica con el antiguo jonronero que trate de verlo fuera del estadio, o en su vida en Maracay, y le reclame lo que haya que reclamarle. Al estadio, a la selección venezolana de beisbol, hay que respetarla.
Nos vemos por ahí.









