Los años le han acuñado la virtud de saber esperar. Y, aunque dicen que “el que espera nada consigue”, Noel Sanvicente, de San Félix, estado Bolívar, y gran jugador en sus días de canchas con Mineros de Guayana, Marítimo, Minerven y Caracas, supo sortear el decir popular para llegar como director técnico al Zamora, y de una buena vez, ser vanguardia del campeonato nacional. Sanvicente, marcado por el ángel victorioso de los días vividos, pasó con brazos en alto cinco veces por el Caracas, otras dos con el Zamora, y con actuaciones deslumbrantes con el Real Esspor, por entonces debutante, de nuevo con el equipo caraquista y hasta desembocar en el Academia Puerto Cabello. Todos han sabido de sus logros, de sus avances, pero sobre todo, de su conocimiento e intuición de un oficio en el que la corazonada suele ser más importante que la luz del saber…
A Noel lo recordamos como el mejor jugador del país en aquellos tardíos años ochenta. Su técnica depurada y con la “difícil facilidad” de los elegidos hacía que lo llamaran “el brasilero” del fútbol venezolano. Parecía que no, pero sí: jugaba y hacía cosas impensadas, pero observaba, seguía los movimientos y los guardaba en el cofre mágico de la memoria. Y comenzó su etapa de entrenador, sus momentos de estar en la cima de la montaña con campeonatos y admiraciones.
A tanto llegó la visión que de él tenía el país, que en 2014 fue escogido entre varias opciones como técnico de la selección Vinotinto. Mas toda aquella ilusión, aquel ardor quemante de la gente y de Sanvicente, rodaron, abismo abajo, en la mala leche de los desentendimientos. Se fue Noel, ¿qué hacemos ahora?…
Y Noel Sanvicente en la sombra, con las manos en los bolsillos y siguiendo al milímetros el fútbol de todas partes, recordó la canción de Rubén Blades en la que un hombre está tranquilo, pero con la tranquilidad del desesperado. Él no, porque él no supo de desesperos.
A sus sesenta y un años de edad sabía que su nombre sonaba en el fútbol nacional, que su hora estaba por llegar y que no hay plazo que no se cumpla. “Timbra” el teléfono, y en el llano venezolano esperan por él. Las añoranzas del Zamora por aquellos títulos de 2013 y 2014 con el hombre al frente han sido irrepetibles, y que si Sanvicente no viene, pues que no venga ninguno: es a él a quien queremos. Y el tipo allá está otra vez, fresco y dispuesto, con la vocación de ganar intacta y con la voluntad desborda por demostrar que aún Noel SanVicente no está por llegar. Que Noel Sanvicente ha llegado para vencer.
Nos vemos por ahí.









