Durante la ronda regular alrededor de los Leones del Caracas hubo siempre una inquietud, que ahora -en plena final- ha cobrado fuerza: ¿por qué Leandro Cedeño no era un jugador de todos los días?. Y es que la pregunta se vuelve inevitable cuando el jardinero ha resultado ser uno de los bateadores más consistentes de la postemporada, clave en la reacción que llevó a Magallanes a la Gran Final.
En los 16 juegos del Round Robin, el jardinero bateó para .317, el único bateador eléctrico con un mejor promedio fue Ángel Reyes (.400). Además, dentro de los navieros, compartió el liderato de hits con Wilfredo Tovar -ambos con 20- y fue líder en empujadas con 15.
Su consistencia fue clave porque incluso tras la primera semana, en la que Magallanes dejó récord de 1-5, tuvo un promedio al bate de .400. Cuando el resto del equipo comenzó a carburar ya él estaba a toda máquina.
Para la Gran Final, ante Caribes de Anzoátegui, retomó las cosas justo donde las dejó. En los tres primeros juegos ha ligado para .308 con tres bambinazos y siete carreras empujadas, un registro que no supera ningún otro bateador.
Se ha convertido en el cuarto bate indiscutible del manager Yadier Molina y ha conquistado a la afición magallanera. Es, junto a Rougned Odor, Ángel Reyes y Renato Nuñez, el corazón ofensivo de un Magallanes que no se cansa de sorprender, el cual -después de ser descartado en innumerables ocasiones- está a dos triunfos del título.
¿Cómo no hablar de Cedeño?. Y esos resultados solo han avivado los debates sobre el porqué no recibió en Leones el mismo protagonismo. Y es que Leandro solo vio acción en 24 de los 56 compromisos de los melenudos en ronda regular, algunos incluso como bateador emergente. Eso sí, a pesar de no lograr la consistencia deseada, bateó para .297 con cuatro jonrones y 10 dobles, empujó 17 carreras y ganó siete pasaportes, todos topes personales en su carrera en Venezuela, que tampoco es demasiado larga. Esos registros bastaron para que Magallanes lo tomara en el draft de refuerzos y sustituciones, por encima de otros bateadores que fueron mucho más consistentes a lo largo del año. Ellos vieron algo y el tiempo les dio la razón.
Ahora, la afición caraquista reclama la falta de protagonismo que tuvo en Leones, la misma que lo llevó a Japón y lo mantuvo alejado de casa durante un par de años. Lapso en el que jugó con los Búfalos de Orix y los Leones de Seibu y en el cual, de acuerdo con Baseball Reference, sumó 229 juegos, conectó 173 inatrapables, incluidos 54 extrabases, empujó 97 y bateó de .246.









