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La Academia arma un fortín

Con sapiencia y meticulosidad, Eduardo Saragó está armando en la Academia Puerto Cabello un equipo a su exacta medida. En el Torneo Clausura el cuadro porteño alcanzó su mejor desempeño en el cuadrangular final, pero en el choque decisivo ante Carabobo por el título del semestre le faltó esa armonía, la sincronización de movimientos para imponer sus estilo de juego y superar la rocosa defensa del Granate.

Saragó se quedó corto en sus ambiciones de enfrentar a la UCV en la gran final y conseguir el primer título para los murciélagos. Para la próxima temporada es claro que quiere desquite con un equipo fortalecido en todas sus líneas, como revela las contrataciones realizadas para encarar el Torneo Apertura.

Los buenos equipos siempre se arman desde el fondo de la cancha, y Saragó sumó a uno de los mejores arqueros venezolanos de su generación: José Graterol, que tras su paso por el Panetolikos de Grecia y el América de Cali de Colombia regresa al país. La Academia suma así un arquero muy sólido, de grandes reflejos para responder con velocidad y muy hábil para convertirse en ese líbero que corta juego y también sabe pasar el balón cuando se requiera superar la presión alta del rival.

Saragó también fichó a Roberto Rosales, el más consistente lateral en la historia del país. Ambos coincidieron en el Táchira, donde el técnico capitalino exprimió hasta la última gota de la polifuncionalidad de Rosales para que el aurinegro conquistara la undécima estrella de campeón. En la Academia, seguramente veremos de nuevo a Rosales jugar indistintamente como lateral derecho o izquierdo para dar amplitud y profundidad al juego con su despliegue y pases, caer por dentro y tirar diagonales como un extremo o definir en papel de delantero, tal como lo utilizó Saragó en invencible Táchira de la temporada 2023.

Pero tal vez la mayor incorporación para la nueva temporada sea la de Gustavo González, uno de los todocampistas más determinantes de la Liga Futve. El exjugador del Carabobo, que saltó la talanquera y cambió de bancada a lo party switching del parlamento inglés, es dueño de una panoplia de recursos. Controla el juego, lo acelera con su velocidad, sabe repartir las cartas y es dueño de una poderosa pegada de media distancia con la que ha convertido fabulosos goles. A ello hay que agregar al repotenciado “Tucaní” Chávez, que crea y define las acciones con maestría, y rompe las redes de tiro libre; y la alcabala llamada Junior Moreno. Esta Academia mete miedo. Adquirió suficientes municiones para dar batalla sin cuartel en la Copa Suramericana y el Apertura.

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Mejor, el fútbol champán de Vizcarrondo

La decisión del presidente de la Federación Venezolana de Fútbol ya está tomada. El nuevo técnico de la Vinotinto será un venezolano y los tres nombres que ha soltado Jorge Giménez se sabían de antemano. Oswaldo Vizcarrondo, César Farías y Rafael Dudamel figuran en la lista de partida para llegar a la meta en la primera quincena de enero, cuando será designado el sucesor de Fernando “Bocha” Batista.

Del lado de Vizcarrondo está su exitosa tayectoria como defensa central; la experiencia en todos los ciclos de la Vinotinto, desde estapas formativas de la mano de Lino Alonso hasta brillar en la selección absoluta; la formación profesional y las ideas renovadoras de fútbol progesivo que implató en la selección mundialista sub-17 y que puso en práctica como DT encargado de la Vinotinto. Con Vizcarrondo, la selección practica un fútbol champán que no se había visto desde los tiempos de Richard Páez al mando.

Farías y Dudamel ya pasaron por la selección y cuentan con una trayectoria en las que han cosechado títulos con sus equipos, pero jugando un fútbol de cuchlllo entre los dientes. Ese estilo reactivo de contratacar y aprovechar las pelotas detenidas llevó a Venezuela hasta un cuarto lugar en Copa América y al subcampeonato mundial sub-20 con sus bemoles. Si me preguntan, prefiero disfrutar las bubujas finas, con cuerpo y más elaboradas del fútbol Chardonay de Vizcarrondo.

Maurice Cova es un emblema del fútbol que el Táchira echará de menos

Un jugador de la jerarquía de Maurice Cova, aurinegro de cuerpo y alma, que fue esencial en el renacer que vivió el Deportivo Táchira en esta década, ayudándolo a conseguir tres estrellas, merecía un trato especial en esta etapa de renovación iniciada bajo el mando del técnico uruguayo Álvaro Recoba.

En el fútbol venezolano no son muchos los jugadores que pueden vanagloriarse de formar parte de la historia grande de una institución, al punto de convertirse en ídolos imperecederos. Maurice Cova es uno de ellos. No solo tiene impreso en el alma los colores del equipo, sino que su fútbol es una de las expresiones más acabadas del jugador tachirense. Desde su posición de mediocentro organiza el juego con inteligencia táctica y esa habilidad innata de amigarse con la pelota, mimarla y darle utilidad a cada pase; Cova es un artista del balón que embellece el fútbol en cada toque.

En las últimas temporadas fue el corazón del Táchira, el que bombeaba la sangre para iniciar las transiciones ofensivas, el que impulsaba al equipo con su inagotable deseo de triunfar y el que aparecía en los momentos de apremio para transfigurarse en un delantero centro y definir con clase; un tipo indispensable como ningún otro en el once aurinegro.

De hecho, toda la estructura futbolística del Táchira sobrevivió incólume a la salida intempestiva de Eduardo Saragó del banquillo, gracias al orden que aportaba Cova en su rol de maestro de ceremonia del equipo. Es cierto que Táchira necesita renovarse, pero Cova es uno de esos futbolistas que como el croata Luka Modric nunca envejecen ni pasan de moda, porque su sensibilidad para controlar el cuero resiste al paso inexorable del tiempo. En Pueblo Nuevo lo extrañarán mucho en 2026.

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