
Los grandes barcos en alta mar se conocen por llevar, con orgullo marinero, el “mascarón de proa” que los distingue de las embarcaciones de menor calado. Cuando uno de esos trasatlánticos surca el océano siempre lo llevará como magno emblema. El símil viene a cuento con la selección Vinotinto. Para el reciente partido ante Argentina el control del equipo le fue encomendado a Oswaldo Vizcarrondo, por entonces entrenador del seleccionado sub-17. Al partir a Catar al Mundial de la edad, el “barco mayor” le fue entregado entonces, como “mascarón de proa”, a Fernando Aristeguieta, el “Colorao” de fútbol nacional.
Con experiencia en el fútbol mexicano como jugador y director técnico, y como conductor del Caracas FC, el caraqueño ha asumido las responsables funciones para los cercanos juegos exploratorios ante Australia y Canadá. Y todo eso está bien, porque ante la falta de un titular que presente un proyecto de porvenir, vale entregarle el timón a dos jóvenes como son ellos, los antiguos valores caraquistas…
Pero en el fútbol, como en la vida misma, hay que pensar en lo que habrá de venir, otear el horizonte a ver quién asoma, quién viene. El carnaval de nombres mencionados aquellos días de la postguerra en Maturín, las horas que siguieron a la decepción de Fernando Batista, ha pasado.
Arrasados por los vientos de la verdad, se han perdido en el enorme vacío de las habladurías; ahora parece que las cosas van en serio, con la cara amarrada, para dejar de jugar a las adivinanzas y anunciar al hombre salvador del torpedeado prestigio Vinotinto…
¿Quién será?, ¿uno de Brasil, Colombia o Argentina?, ¿volverá Vizcarrondo, seguirá Aristeguieta? Se ha pensado, según la creencia popular, que todo va a depender de los resultados de los partidos experimentales, no oficiales, aunque posiblemente no tiene por qué ser así. Acaso la Federación ya tiene la carta escondida bajo la manga, y está a la espera de que llegue su turno para jugarla.
Se menciona en silencio a César Farías, pero ¿quién sabe? Como quiera que sea, y palpando el decaído ánimo de la gente, la desazón venezolana ante la caída en el Premundial, no sería mal que se ratificara a Vizcarrondo, hombre trabajador y dedicado, o que al final del partido sea “Colorao”, técnico con renovadas estrategias y maneras de preparar a un equipo, el elegido. Que juegue la Federación su baraja guardada; el fútbol nacional está pronto para comenzar el sueño de 2030.
Nos vemos por ahí.
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