La chispa que encendió la pólvora no fue la pelea del final, sino aquellas palabras provocadoras de Lamine Yamal antes del partido dominical. El fósforo estaba encendido, y solo se necesitaba acercarlo a la mecha. Vinicius, en un acto de soberbia y de insolidaridad con su equipo, protestó con vehemencia desmedida su salida del partido, y entonces, todo estaba dado para que, en un instante y con el cerillo en llamas, el explosivo entrara en acción. Se estaba dando la premisa humana: de una provocación se llega a la batalla. Y con los ánimos en la punta de calefacción, la batalla fue posible. Empujones, maledicencias, amenazas, retos de guapos expresados en el “vamos a vernos en la calle”. El planeta entero vio el bochorno, la desvergüenza que por respeto a las tradiciones los jugadores de Real Madrid y Barcelona no tenían derecho. Ellos, Lamine y Vinicius, recordaron sus días de niñez y adolescencia en las calles de Esplugas de Llobregat (Cataluña), de Río de Janeiro, en cualquier confín del mundo donde la lucha diaria en la calle forma parte de la vida…
Marcelo Bielsa, en su sabiduría futbolística y humana, considera que aquel jugador que protesta cuando es cambiado en el partido le está faltando a sus compañeros de equipo, y especialmente, al que entra por él, porque lo considera menos que él. El jugador siempre lleva su rabia interior, pero no la manifiesta. Pocas veces vemos esa expresión como la de Vinicius y también, casi nunca leemos y oímos de un futbolista decir las cosas dichas por Lamine. Consecuencias: Xabi Alonso, como técnico del Madrid, rechazó públicamente la actitud del brasileño, y Hansi Flick, conductor del Barsa, lo ha hecho con el catalán. Todas fueron escenas de baja ralea, y llegó a tanto la bronca, con todos empujando a todos, que más bien y degradando la categoría de la “obra”, parecía un espectáculo de “vaudeville” mediocre y sin razón de ser…
También en el beisbol vimos una escena así; no llegó a tanto, pero tuvo matices de desagrado cuando Max Scherzer se negó a salir del juego de los Azulejos de Toronto ante los Marineros de Seattle porque consideraba aquello una “injusticia”. No salió y el manager del equipo canadiense, John Schneider, quedó mal parado ante todos. Entonces, decimos: ¿se ha convertido toda esta desobediencia y malcriadez en una nueva modalidad en el deporte de altura, aquel en el que disputan partidos y campeonatos los ídolos populares? Volvamos al fútbol: conscientes de lo que son y de lo que representan, ni a Cristiano Ronaldo ni a Lionel Messi los vimos alguna vez envueltos es estas “peleas de gallos”. Lamine y Vinicius, a veces es bueno mirarse en esos espejos. Nos vemos por ahí.









