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Pobre nivel en la Suramericana

Pobrísima, muy por debajo de las exigencias de un escenario internacional como la Copa Suramericana, fue el desempeño del Caracas en su eliminatorias ante Metropolitanos. El cuadro capitalino clasificó a la fase de grupos del torneo, aseguró como mínimo el jugoso premio de $ 1.150.000 por entrar en la ronda de los mejores 32 clubes, pero más allá de los fondos recaudados por merced de la Conmebol, hay poco que celebrar en lo futbolístico.

Los rojos de Fernando Aristeguieta se mantuvieron en el choque de la Suramericana en la misma tesitura mostrada a lo largo de las cinco fechas del torneo Apertura. Equipo predecible que se esfuerza en controlar a sus rivales a partir de la posesión del balón, pero que incurre una y otra vez en las mismas flaquezas a la hora de desbordar, meter un pase de ruptura entre las líneas del rival o cuando se despliega por las bandas.

Es cierto que el “Colorado” solo cuenta con un grupo de chamos y algunas figuras de experiencia para luchar contra plantillas de mayor presupuesto y calibre como la del propio Metropolitano, pero debe buscar soluciones a algunos de los problemas que viene exhibiendo el equipo en sus choques.

Uno de ellos es la soledad que exhibe Michael Covea en el medio campo, donde frecuentemente se le ve conduciendo más de lo aconsejable en virtud de que no encuentra con quien descargar para seguir armando las jugadas. En consecuencia, Covea trata repetidamente de avanzar a campo traviesa y pierde el balón en su lucha contra el mundo.

En cuanto a los laterales, Eduardo Fereira y Jesús Yendis, incurren en el vicio de tirar pelotazos al área desde los costados, en lugar de tratar de llegar hasta el fondo, ganar los duelos individuales para meter pases de gol que los delanteros puedan definir con más claridad. La búsqueda permanente de los remates de cabeza del paraguayo Adrián Palacios fue casi el único camino que intentó el Caracas para romper el cerco defensivo de los violetas en el primer tiempo en gris empate sin goles.

La contratación del prometedor atacante colombiano Ángel Figueroa, un jugador rápido y potente para atacar con velocidad la espalda de los zagueros, es un arma que Aristeguieta podría explorar con más convicción, ante la evidente falta de pegada del equipo.

Con tan pocos recursos para generar situaciones de peligro y definir en el arco rival, el futuro de Caracas en la fase de grupos de la Copa Suramericana luce desalentador. Aristeguieta tiene mucho trabajo por delante para levantar el rendimiento colectivo.

Puerto Cabello tampoco deslumbra

Sobre la Academia Puerto Cabello de Eduardo Saragó, uno de los técnicos con mayores conocimientos tácticos del fútbol nacional, se espera un torneo Apertura de mayor vuelo, especialmente luego de haber llegado a la fase final del cuadrangular del pasado Clausura, que perdió ante Carabobo.

A lo largo del torneo anterior, Puerto Cabello fue un volcán en erupción que asolaba a todos los rivales por su movilidad, la capacidad para manejar los tiempos de cada partido, ralentizando o metiendo la quinta velocidad de acuerdo a las situaciones que presentaba el juego, para que todo culminara con la efectividad goleadora del “General” Edwuin Pernía.

Pero poco de ese Puerto Cabello se ha visto en la nueva temporada y menos aún en el duelo ante el apagado Monagas en la eliminatoria nacional de la Copa Sudamericana.

Al margen de los fallos arbitrales y el irregular funcionamiento del VAR ante Rayo Zuliano, denunciados a voz en cuello por Saragó y que ya le costó una suspensión en el Apertura, lo cierto es que el fútbol de su equipo no fluye. En el choque ante un cuadro monaguense timorato y replegado en bloque bajo, Puerto Cabello se mostró espeso, carente de imaginación y soluciones para llegar al arco de Eduardo Lima. Esta versión desleída e irreconocible del equipo de Saragó necesita mostrar el fútbol coral y ambicioso del que hizo gala en el Clausura para ser protagonista en Sudamérica.

El fútbol ambicioso de la Vinotinto de Beli consiguió una soberbia victoria

Pocas veces las selecciones nacionales de fútbol, masculinas o femeninas y en el cualquier categoría, han podido derrotar a los siempre poderosos representativos de Brasil en juegos oficiales o amistosos. Por eso todavía resuena en la memoria la victoria 2-0 del equipo de César Farías y conducido magistralmente por Ronald Vargas sobre la canarinha de Dani Alves, Luisao, Alexander Pato, Robinho y Adriano en el choque de fogueo celebrado el 6 de junio de 2008 en el Gillette Stadium de Boston.

De allí que el reciente triunfo por 2-1 de la Vinotinto femenina ante Brasil en el choque de preparación para enfrentar los próximos partidos de la eliminatoria suramericana al Mundial de 2027, hay que enmarcarlo entre las grandes logros del fútbol nacional.

Buena parte del mérito de este soberbio triunfo recae en el trabajo del entrenador amazónico Ricardo Belli, quien ha sabido inculcar al equipo una manera de jugar más acorde con la riqueza técnica de las futbolistas, con juego combinativo y mucha velocidad para desbordar por los costados. En lugar de los pelotazos, los contragolpes y el fútbol físico de la italiana Pamela Conti, el nuevo conductor ha logrado que Daniuska Rodríguez se convierta en una mediocentro que arma y recupera con la misma intensidad y pericia, que Gaby García distribuya y se sume al ataque para liquidar por alto, o que las laterales Raiderlin Carrasco y Michelle Romero crucen el campo rival para proponer duelos y armar superioridades numéricas por las bandas en compañía de Bárbara Olivieri y Enyer Higuera. Y ese juego propositivo de la Vinotinto ya no depende solo del ingenio de Deyna Castellano, ausente ante Brasil por sobrecarga, para resolver; lo cual agranda aún más esta conquista.

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