Gervonta Davis coloca al mundo de los boxeadores en entredicho con un nuevo episodio de violencia familiar o de género, algo que ha sido para algunos detractores de la especialidad alimento de crítica, nada constructiva. Ciertamente, varios casos han dado pie para la «condena» y por ello cuesta en oportunidades defender lo que se ha asomado como indefendible. Basta recordar a los ultracampeones Carlos Monzón, argentino que desde nuestro punto de vista está entre los tres mejores pesos medianos de la historia y quien fue condenado a 11 años de prisión por el femicidio de su pareja, Alicia Muñiz, a quien lanzó desde un balcón en 1988. El invicto excampeón Floyd Mayweather Jr, con «dinero para tirar al techo» en 2011 fue sentenciado a 90 días de prisión tras declararse culpable de agresión doméstica contra su expareja, Josie Harris, frente a sus propios hijos. Y, para no extendernos mucho, el caso del venezolano Edwin «Inca» Valero, el mejor boxeador venezolano de todos los tiempos y conocido por su increíble récord de nocauts de 27-27, confesó el asesinato de su esposa en 2010 y luego se suicidó en su celda poco después de su arresto en Valencia, Carabobo.
Recreamos estas situaciones a nivel de alerta por lo que hoy está ocurriendo con el aún talentoso «Tank» Gervonta Davis en Estados Unidos. Davis enfrenta cargos graves derivados de un incidente ocurrido el 27 de octubre de 2025 en un club de caballeros en Miami Gardens y se le acusa de tirar del cabello y sujetar por la garganta a una exnovia. Lo que pareciera una simple disputa casera, se ha convertido en la gota que derramó el vaso por cuanto este nuevo arresto en Florida sería considerado «intento de secuestro» además de violar los términos de su libertad condicional en Maryland, donde cumple una sentencia de tres años de probatoria por un incidente de «atropello y fuga» (hit-and-run) ocurrido en 2020. Si un juez determina ambas casos podría enfrentar tiempo efectivo en prisión e incluso una pena de hasta 30 años o cadena perpetua. Vaya manera de complicarse la vida.
Esta noche será el combate entre Teófimo López y Shakur Stevenson, por la corona superligero de la OMB en poder de López. La semana pasada hicimos un análisis detallado sobre este combate y ahora reiteramos que será la primera gran pelea del año, no porque sea en enero, sino por la calidad y paridad entre estos boxeadores. Shakur va por su cuarta corona al hilo y debe lograrla si mantiene su escurridizo estilo y velocidad de manos, a pesar que está subiendo de peso. La oportunidad para el catracho López solo estará en su pegada. Si no lastima temprano, sinseramente olvídense de su título.









