El título es de cierta manera la rememoración de “La feria de la vanidades”, aquel célebre libro del siglo XIX escrito por el autor inglés William Makepace Thackeray, en el que de manera sarcástica trata el tema de un personaje vanidoso que termina por derrumbarse llevado a la derrota por su elevado ego. Cosa parecida le sucedió a Xabi Alonso, el hombre que tratando de imponer su autoridad, pero sin tener el indispensable carisma, nunca pudo manejar el efervescente camerino del Real Madrid. Carlo Ancelotti, su antecesor, llevó las cosas con una inteligencia que Alonso nunca tuvo: hablar con los jugadores uno a uno, poner la mano en el hombro y sin elogios desmesurados: nada de que este es “el mejor del mundo”, “un talento pocas veces visto”. Ponía a cada quien en su justo lugar y luchó hasta el fondo con aquel ego que, al final de todo, es el enemigo del ser humano: la humildad por encima de todo…
Álvaro Arbeloa, ahora puesto en el comando de un club difícil de manejar en su vida interior, tendrá que vérselas seriamente con el egocentrismo de sus hombres. Los medios de comunicación, especialmente los españoles, suelen construir y derribar estatuas al mismo tiempo.
Ahora es el tiempo en el que aparece Arbeloa, conocido por su temple y también por su condescendencia, valores simultáneos que podrían darle la llave con la que abra la puerta del alma madridista. Mañana sábado, a las nueve de la mañana hora venezolana y ante el duro Levante, será la “opera prima” del recién llegado. Habrá expectativa por saber cómo lo recibirá la afición blanca, herida en lo profundo con la tropezada temporada del equipo, y cómo se comportará, bajo su mando, aquel contingente de figuras que no han podido ser lo que ellos tienen que ser: los leones andan sueltos…
En la columna del pasado miércoles elogiamos los goles insólitos de Vinicius (Real Madrid) y Michael Olise (Bayer Munich) en los partidos de fin de semana. Olvidamos, y vaya qué olvido, hablar del marcado por Jon Aramburu contra Getafe. Fue, en realidad, un gol normal, de cabeza, de los tantos en los partidos europeos, sí, pero para Venezuela tuvo una significación muy particular: el muchacho, lateral de la comarca derecha de la Real Sociedad, es en los hechos el único venezolano del fútbol español.
Veamos: Salomón Rondón se ha ido a México, Yangel Herrera está fuera de circulación desde hace varias semanas por una imprudente lesión, y Juan Arango junior, aunque figura en la nómina del Girona, por su juventud aún no es utilizado con regularidad por el equipo catalán. Así pues, el de Aramburu ha cobrado un sentido especial, muy a la criolla, muy a la Vinotinto.
Nos vemos por ahí.









