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Selfies: una moda que causa daño
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Selfies: una moda que causa daño

Selfies: una moda que causa daño

Instagram es una de las principales vías para compartir selfies prácticamente a diario. La moda de las auto fotos ha atrapado la atención de celebridadespresidentesdeportistas e incluso la del máximo representante de la iglesia católica en el mundo, el papa Francisco, que ya ha hecho pública a través de las redes sociales fotografías suyas acompañado de jóvenes.

Estados Unidos ha llevado a cabo un estudio en las universidades de Ohio e Iowa acerca de la repercusión de las selfies en la autoestima de los usuarios. De acuerdo a los datos obtenidos de los jóvenes encuestados, la atención que los contactos ponen en la apariencia del modelo en este tipo de fotografías puede generar críticas muy duras y afectar a la persona que comparte la foto, sintiéndose inconforme con su imagen.

Selfies forman parte de ese fenómeno que se apodera de las nuevas generaciones de querer hacer público cada instante de su vida, en ese empeño de modificar las estrategias y herramientas para conseguir la aceptación y admiración social. Las dimensiones de las selfies pueden tener repercusiones en el ambiente corporativo (basta con recordar la selfie de la familia Clinton hace pocas semanas durante un evento de la Clinton Foundation), hasta publicitarios (la selfie de Ellen DeGeneres y todos los beneficios de marketing que trajo para Samsung), pero también es un mirada indiscreta a la intimidad.

Sex selfies se pusieron de moda en la plataforma para compartir imágenes que adquirió Facebook hace algún tiempo. Las imágenes recreaban a parejas durante el acto sexual, y esta moda derivó a lo que hoy en día se conoce como selfies aftersex. La propia Demi Lovato sucumbió a esta moda acompañada de su novio Wilmer Valderrama y hoy en día aún se encuentra afrontando los problemas de que un hacker accediera a su smartphone e hiciera públicas las íntimas imágenes.

Fotógrafos profesionales ya se han dado a la tarea de indicar algunas recomendaciones para obtener buenas selfies, tomando en consideración que los megapíxeles de las cámaras frontales de los smartphones no gozan de muy buena definición y que el ángulo y proximidad de la foto no favorece a muchos. Mientras tanto, la eterna disyuntiva acerca de los nuevos males emocionales que fomenta la tecnología sigue sobre la mesa.